LIBROS
Virtudes de los nobles - Al Jauayah

Sura Tercera

Sura Segunda

Sura Primera Este extraordinario trabajo de exégesis coránica -del que publicamos su primera parte- realizado por el Sheij Alí Al-Husainí es, sin lugar a dudas, la mayor obra en su tipo realizada en castellano...

Sura Cuarta

Metafísica del tiempo

Manual de un aspirante al sufismo Sufismo

Jesús no fue crucificado

El origen del mal

Dios no ha muerto

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Testimonio de los fuqará acerca del Sheij Alí Al-Husainí
En el largo y a veces sinuoso sendero de nuestra existencia es difícil percibir en qué momento, en qué recodo, del camino se encendió, primero muy tenue, la luz que nos guiaría hacia la total claridad, hacia la verdad absoluta. Quizá fue allá lejos, en los revoltosos años de la niñez, cuando esperaba ansiosa el domingo para ir al cine, para ver películas de "árabes", porque yo, sin tener ninguna ascendencia árabe, los admiraba, admiraba las amplias vestiduras, los albornoz flotantes, sus cabalgaduras y hasta los poco agraciados camellos. Allí vi mezquitas y allí los vi rezar y esa forma de prosternarse me conmovió, se adentró en mi corazón. Pero habrían de pasar muchos y largos años antes de que pudiera encontrar una puerta que me permitiera el ingreso a la Comunidad de los Fieles y un maestro que me adoctrinara, porque eso no es fácil, en nuestro país, donde además hay tantos prejuicios falsos contra el lslam, sobre todo tratándose de la mujer... Escuchando una audición árabe, de pronto un señor empezó a hablar de Ismael y del día del Sacrificio. Escuché con atención, y me sorprendió saber que fue lsmael, hijo de Agar, a quién su padre Abraham sacrificaría y no a lsaac. En otra audición supe que Jesús y su madre eran en el Islam tanto o más venerados que en el cristianismo y que Jesús era un profeta y no un Dios encarnado. Supe a través de esa prédica semanal que estaba ante el verdadero cristianismo, ante la religión única y verdadera, distorsionada por los hombres hasta el punto de lograr que una gran parte de la humanidad se postrara ante absurdas imágenes que ocupan el lugar de Dios en sus corazones. Supe que el Islam es una religión universal y la desglosé de lo árabe, pues hasta entonces, árabe e Islam eran para mi casi la misma cosa. No imaginaba musulmanes de otras razas. Así, por la misma vía llegué al Centro de Estudios lslámicos, donde me interioricé de las cinco prácticas y los cinco preceptos, y aprendí varias suras y por fin, la oración. Allí estaba yo, por fin había llegado, tras un largo peregrinar, a las puertas de la Ummah. Confieso que sentí cierto temor mezclado con la honda satisfacción espiritual que me embargaba cuando, por primera vez postré mi frente en el suelo, en el mismo acto sublime de aquellos árabes de amplias túnicas que mi asombrada infancia buscaba en las películas. Más a medida que iba conociendo más a fondo el Islam, sus prácticas, sus costumbres, las enseñanzas depositadas por Allah en el Sagrado Corán, su derecho y leyes, la convicción mas completa y firme se fue elevando desde lo más profundo de mi ser. Amor sincero y vehemente hacia Allah, Sublimado Sea, hacia El Corán, hacía Muhammad (B.P.) cambió y le dio significado a mi existencia por la cual marchaba yo sin rumbo fijo. Así llegó el día que ya esperaba con ansia y pude pronunciar con la más profunda sinceridad, desde lo más hondo de mi corazón la Shahada, testimonio de Fe, con que ruego a Dios selle mis labios en el último instante de mí vida: Testimonio que no existe Divino sino Allah y Testimonio que Muhammad es su Profeta y Mensajero.
Mi acercamiento al Islam es por la misericordia de Allah, exaltada sea su majestad, que me extrae, por la Barakah del Profeta (BPDyC) y ante la presencia del Sheij Alí Al-Husaini (C) de la gaflah, del descuido, de la insensatez. Lo que no significa que haya dejado de ser insensato, tengo algunos porcentuales todavía y supongo que hasta el final de mi vida la prueba se va a manifestar con toda su fuerza. Circunstancialmente me encontraba en un estado de total infelicidad, en una crisis donde no encontraba sentido a los actos de mi vida. Mi primer divorcio, el alejamiento de mis hijos, me llevó a un estado que me permito comparar con el de Ibrahim (P) en el desierto, cuando clamó que si el Señor no lo guiaba el no iba a saber a quién adorar. Al hamdu li-lah tuve un sueño que me confirmaba esta vivencia en el sentido de que eran Dios y las Sagradas Escrituras las que me iban a sacar de ese estado. Y esto fue un mojón más en el camino que me acercó a la realidad bendita, al rostro sagrado de nuestro maestro, sidi murshid Alí Al-Husaini (C) y a establecer un compromiso con él. Ciertamente que mi idiosincrasia cultural me inclinaba hacia el cristianismo, pero mi intención era tan fuerte en el sentido de acercarme a las palabras reales de Jesús (P) que esta intención y aquel sueño se enlazaron providencialmente con la realización de una conferencia brindada por el murshid en el Centro Islámico de la Plata sobre la lengua árabe en el año 1985 antes del mes de Ramadan. Era una disertación en la cual él anunciaba las ventajas de aprender la lengua árabe, en función del contexto internacional y otros motivos generales, pero en un momento dado, al menos eso percibí en él, A udhu bil lahis shaitanir rayim, como dando a entender que no era eso lo que el quería decir, su rostro cambió y expresó “¿Acaso Jesús, el hijo de María, en qué lengua habló?”. Lo que fue contundente y situó el tema en el plano real. Cuando terminó la conferencia, me levanté para acercarme a él y pedirle que me escribiera en mi agenda el título de un libro que había mencionado. Pero mi intención fue doble, no solo se trataba de consignar correctamente el dato sino de ver cómo escribía, cómo era su trazo, porque anteriormente, un grafólogo anciano, al que tuve que cuidar en una clínica, me había explicado algunas cosas acerca del significado de la escritura y me había gustado aprenderlo. Me impactó, me escribió en castellano pero parecía árabe y recuerdo que me agradó mucho. Me fui a un rincón, frente a una ventana y pensé en su bendito rostro, lo conceptual de sus palabras, la modulación de sus palabras y cómo ello me llevaba a enfrentarme conmigo mismo y con aquello que buscaba. La inscripción para el curso de árabe cerraba justamente ese día. Cuando revisé mi billetera ¡tenía la plata exacta para pagar la inscripción! Recuerdo que era lo último que me quedaba para llegar a fin de mes, que hacía calor en la sala, que transpiraba y que agarré la plata por segunda vez y pedí al fuqará que se encontraba a cargo, que se llamaba Abdul Salam, que me inscribiera. Me dio el recibo, salí y me dije a mi mismo ¿Qué estoy haciendo? ¡Otra vez el sin sentido!... Tomé las clases de lengua árabe, que se dictaban los lunes y los miércoles, era mi único contacto con el Islam y para mi, sobre todo, con la lengua de Jesús (P), con el bendito tesoro del amor que Allah depositó en ese siervo y con Sidi Murshid (C) Al Hamdu li lah!
Hacía ya unos seis meses que estaba viviendo aquí, en San Martín de Los Andes, cuando tuve mi primer acercamiento al Islam. Había decidido, como mucha gente en estos últimos tiempos, mudarme a este tranquilo pueblo en busca de un cambio de vida que me lleve a la "Felicidad". Fue entonces cuando, por medio de una vecina, conocí a quien sería mi esposo en poco tiempo más. El me fue introduciendo lentamente a los temas que conforman al Islam, mediante la lectura de algunos textos sencillos sobre el tema y varias charlas muy agradables. Pero enseguida quise profundizar sobre a lo que a las mujeres se refiere en el Islam, ya que lo poco que se conoce y la gran difamación que hay en los medios de comunicación sobre los musulmanes, hacen referencia a mujeres oprimidas y sin derechos. Me contacté entonces con una de las mujeres de mayor conocimiento de la Yamá‘ah. Ella me fue enseñando lo que necesitaba saber sobre nosotras las mujeres en el Islam, los hombres, la familia, la sociedad, la forma o prácticas de vida, etc. Sobre todo, necesitaba algo que me ayudara a "ordenar" mi vida, desde el aspecto más exterior hasta lo más profundo de mi ser, conocer un poco, en la medida de mi capacidad, cual es la realidad, para poder separar lo bueno de lo malo y actuar en consecuencia. Sobre todo esto se basó mi primera enseñanza, hasta que me sentí segura para conocer a nuestro Murshid (C). Ello ocurrió en una breve entrevista que tuvimos en su casa, en la cual me sorprendió la sencillez de este Maestro, a quien no rodeaba ningún ambiente de misterio, sino la pava, el mate y una mirada tranquila pero profunda que me recordó a mi padre. Luego de unas breves palabras, me aceptó rápidamente y de inmediato comencé a concurrir a las reuniones de la Comunidad. Pasado un corto período de tiempo de concurrencia y adaptación-aprendizaje, sentí que necesitaba estar más integrada, más comprometida a la Yamá‘ah, comprendí que ese era el momento de adherir, y adquirir un verdadero nombre también. A partir de ese momento, ya nada volvió a ser como antes. Apenas han trascurrido unos años, pero mi vida y mi persona son otras, día a día voy reconociendo la realidad de mis actos, la realidad de mi ser interior, la plenificación y el conocimiento. Y todo esto lo podré ir logrando, si Dios quiere, poco a poco, y gracias a Dios y la Buena Guía de Mi Maestro (CA).
La primera vez que me vinculé con la Yamá‘ah fue unos días después de que adhiriera mi papá en el mes de Ramadan del año 1997. Mi papá invitó a la Yamá‘ah a cortar el ayuno en casa. Me pareció muy interesante la reunión, escuchar a Sidi Murshid en el Dars, la unión que había entre la gente. Mi papá que había adherido hacía poco tiempo estaba bastante incorporado. En el único momento en que me sentí mal fue en el Dikhr, pero la segunda vez me sentí bien. La impresión que tuve del Murshid fue que era un hombre simple, muy sabio y muy seguro de sí mismo. Me permito agregar este testimonio para completar algo que mi hijo no relató: Recuerdo que en ese mes de Ramadan había invitado a la Yamá‘ah a desayunar en casa y recuerdo a mi hijo, que apenas tenía 9 años, escondiéndose detrás de la mesa, como asustado de ver a toda la gente. Y cuando finalizaba la reunión y estábamos todos alrededor del Murshid escuchándolo se le acercó y le preguntó textualmente: “¿Cuál sería su nombre en el Islam?”. Cuando ya se habían retirado todos, lo acompañé a su cuarto para acostarlo y me preguntó “¿Cómo había que hacer para adherir al Islam?”. Le expliqué las prácticas y los principios pero le recomendé que pensara bien antes de tomar tal decisión. Bajé para ayudar a mi esposa a lavar los platos y cuando apenas empezaba a contarle lo que habíamos hablado apareció mi hijo en la cocina diciendo, muy seguro: “Ya lo pensé, voy a adherir al Islam.”
Me acerque al Islam a través de una invitación a una conferencia en el Teatro San martín. Conocí a Sidi Murshid (R) en esta conferencia. Me pareció un hombre muy interesante y pregunté sobre los cursos que dictaba. Luego empecé a ir al curso. Al poco tiempo soñé que el (R) venia a visitarme en mi casa. Cuando le conté me dijo que lo tenia en el corazón. Adherí al Islam en el mes de Ramadán de 1993, llegue a la adhesión por convicción del corazón. Desde un principio me asistieron dos hermanas. Con un matrimonio de la Yamá‘ah tuve un sueño muy lindo, iba con ellos de la mano y tendría más o menos la edad de mi hija de 7 años, íbamos a un lugar lindo con unas arañas de luz impresionantes y me sentía muy feliz. Otro día navegando por Internet veo el lugar por donde habíamos ido de paseo en ese sueño y era la Mezquita del Profeta (BPDyC). Con ellas aprendí mucho y sigo aprendiendo, son buenas hermanas, muy generosas con lo que Allah les ha agraciado.
En marzo 1982 caminando por Callao vi la revista “Islam” en un kiosco de diarios, fui a la dirección del CEI que era en un 2º piso de la calle Rojas, en Caballito, que estaba a no mas de 6 cuadras de mi casa y me atendió la secretaria del Imam. Manifesté que quería aprender el idioma árabe, como se ofrecía en la revista a través de sus cursos. Mi interés previo en el Islam surgió un año antes a partir de la lectura de una versión completa de las mil y una noches, donde me llamó la atención el constante Dikhr (recuerdo) de Allah en los personajes : La jaula hua la quata illa bil lah, Somos de Allah y a el retornamos, etc. Yo tenía 14 o 15 años y había leído algún libro de Guenòn y de Idris Sha y me interesó el Sufismo. Llegó a mi también un numero de revista del Correo de la Unesco de 1980 dedicado al Islam que me influyo mucho, sobretodo un articulo sobre el sufismo. Amina me dio la tarjeta del Imam y volví al tiempo y tuve una entrevista con el Murshid, mi impresión desde el principio es que estaba frente al maestro que estaba buscando, y que éste era el de la tradición más pura, la de los Profetas y en especial del Profeta Muhammad (BPDyC). Iba una vez por semana, o cada quince días, recuerdo por ejemplo que me dio a leer un librito que se llamaba “La Residencia” y unos fascículos sobre Conocimiento profundo editados por el CEI. Sentía que había encontrado un lugar sólido, fuerte y el vínculo que sentí con el Murshid, (yo era muy chico) era el de padre-hijo. Me enseñó la Fatihat, primero en castellano, luego el Uudú, la Oración (con la ayuda del libro “La Oración”) todo lo cual comencé a practicar gradualmente con el aditamento de que lo hacía en secreto por la situación con mis padres. Al poco tiempo hice la shahada, en agosto de 1982. La enseñanza del Din la recibí directamente de SM lo que agradezco Al hamdu li lah, porque se que no todos los miembros del CEI tuvieron esa distinción. El Imam Al-Husain (P) durante una jaluah me dijo, y testimonio la verdad y que la maldición de Allah sea conmigo si mintiera: “Hijo del Murshid hijo mío, no hijo del Murshid no hijo mío”.
Mi primer acercamiento al Islam fue a través de mi esposo. Le pregunté si podía acompañarlo en la noche del designio del mes de Ramadan de 1997. Fue una noche extraordinaria. Allí conocí al Murshid quien me pareció una persona muy amable y de una sabiduría inconmensurable. Después de aquella noche nada fue igual. Tuve un sueño ese mismo día: Me encontraba en el patio de su casa, donde habíamos pasado el Lailaturqadr, estaba el Murshid disertando y nos encontrábamos junto con el resto de la Yamá‘ah sentados en el piso escuchándolo. Sentía como que ya había adherido y entonces una hermana me daba la mano con mucha fuerza y me lanzaba por los aires. Me elevaba a mucha altura y caía como flotando en la terraza de la casa del Murshid, sobre un Olivo. Una semana después, precisamente un domingo, me desperté con una gran angustia y llorando desconsoladamente (quienes me conocen dirán “nada fuera de lo normal”) pero esa mañana fue como si se me hubiera corrido un velo de mis ojos. Pude ver todos los errores de mi vida y pude darme cuenta con gran certidumbre lo que estaba mal y lo que estaba bien, cosa que parece sencillo pero que para mi, hasta ese momento, me había costado mucho hacerlo y me tenía sumida en un cuadro de mucha angustia y decaimiento. Después de ese momento empecé a estar mucho mejor y durante todo el día sentí como si una luz que bajaba del cielo caía sobre mi y me seguía donde fuera que vaya. Apareció una fuerza que nunca había experimentado, movía los muebles de mi casa con una energía increíble y sentía una gran alegría en mi corazón. En los días subsiguientes comencé a asistir regularmente a las reuniones y fui saliendo de un estado de fatiga y nerviosismo que arrastraba desde hacía un tiempo hasta que dejé completamente la medicación que me habían indicado los médicos. Recuerdo que en un sueño aparecía Sidi Murshid diciéndome que tenía un gualicho y me golpeaba tres veces con el puño en el pecho. Cuando se lo relaté me preguntó si yo sabía que el Profeta (BPDyC) curaba de esa manera, respondiéndole que nunca había escuchado nada al respecto. Después de un tiempo, en el Id del Sacrificio, hice la Shahada, Al Hamdu li Lah! Pude vivenciar entonces lo que dijo el Profeta (BPDyC) “Dentro de la Yamá‘ah está la misericordia y fuera de ella el castigo” y todo lo vivido a partir de allí fue un regalo de Allah para mi alma por medio de la bendición y la Misericordia del Profeta (BPDyC) y la Baraka del Murshid (R).
A los 17 años empecé a leer sobre religiones, caminos espirituales, y me incliné hacia el budismo (no conocía entonces nada acerca del Islam) hasta que, en 1997, en la biblioteca del padre de un amigo, entre varios libros sobre religión que él tenía, encontré un numero de la revista “Sufismo Viviente” y el libro “El camino sufi al desarrollo espiritual”. No entendí mucho lo que decía la revista, pero el libro me pareció inobjetable. Como la dirección del CEI que figuraba en la edición estaba cerca de casa, fui al día siguiente al lugar y me atendió la secretaria del imam: No estaba el Imam asi que volví al otro día. Recuerdo que conocí entonces a uno de sus ayudantes que salía del ascensor acomodándose la camisa dentro del pantalón y me cayó bien, me dio la impresión de ser una persona buena, humilde, sin tantas pretensiones como otras personas que había conocido en organizaciones budistas, por ejemplo. Le mencioné de mi lectura de un libro de Idris Shá y el lo descalificó de una manera que me pareció tan correcta, marcando en que puntos estaba equivocado, que quedé desarmado. Me explicó luego acerca del sufismo y arreglamos una fecha para conocer al Murshid (C). Me encontré con el en su casa de Colpayo; me preguntó porque había venido, qué había leído y luego de que yo le relatara mi itinerario espiritual me dijo “Esto no es para Ud., el Islam requiere mucha disciplina, etc...” lo que despertó mas interés en mi porque no intentó convencerme de nada, que le daba igual o inclusive mejor que yo no entrara al sufismo por lo que insistí de inmediato; Sidi se río y me dijo: Bueno, vamos a probar! Le voy a encomendar algo y nos veremos la próxima semana:” Me llevó al patio de su casa, que tenía una fuente de agua y me explicó como hacer el Uudú y sus significados como purificación del habla, el pensamiento, de las acciones, de acuerdo a la parte de cuerpo en que se realizaba la ablución, todo lo cual me pareció muy lindo y muy sabio. Me apliqué a ello ni bien llegué a casa, pensaba que eran como pases mágicos, le dije a Salima, mi esposa, que en ese entonces no tenía idea de nada: “Mirá lo que me enseñaron! y seguí comentándoselo a todo el mundo, a Iunus, a Aiman a todos los que conocía. Después de una semana de hacer el uudú, en enero de 1998, volví a ver a Sidi y me dijo que íbamos a tener charlas donde podía preguntarle lo que quisiera para aclarar el tema. Tuve cinco o seis charlas con él y lleve desde el principio un cuadernito con 80 preguntas preelaboradas hasta que pronto me di cuenta que yo no sabía nada de nada en realidad y que ni siquiera tenía una buena pregunta para hacerle, porque enseguida me había aclarado todo lo que yo me había propuesto consultarlo y más aún... como el se dio cuenta de ello me dijo en la última charla: “Bueno Ud. va a adherir al Islam!” Apenas hacía un mes que lo había conocido y tenido seis encuentros con él y me encontraba ante esa situación! Me dijo: “Tómese un tiempo para pensarlo si quiere pero si está de acuerdo con lo que le dije para que va a perder el tiempo!” Realmente era así, había pasado un mes y decidí adherir al Islam, e hice la Shahada en Rojas. En mi primera oración islámica recuerdo que un ayudante de Sidi, luego de que el Imam le insistiera un poco, recitó el Adhan y aunque ahora reconozco que no tiene una voz privilegiada, en esa ocasión me pareció hermosísimo. Inmediatamente después de la shahada y mi primera oración Sidi me dice, sin darle mayor trascendencia, que después me iba a comentar algunas cositas, como por ejemplo: “Estamos por emigrar al Sur, se acerca la Restauración, ya se lo voy a explicar.” Todavía no había aprendido a hacer la salah y ya tenía esas cosas en la cabeza! No le quise decir a mi esposa que había adherido al Islam, en ese momento era un tema muy fuerte, si les hubiera dicho directamente que era musulmán les hubiera resultado muy chocante, así que lo mantuve oculto durante un mes. Lo que hice fue hablarle a ella y a mis amigos, a veces hasta la madrugada, como preparándolos, explicándoles “lo bueno que estaba la doctrina del Islam”, hablarles del Murshid (C), de lo que había aprendido, etc. Hacía Salah, no tomaba vino ni comía cerdo, pero todo sin decirles que ya había adherido al Islam. A la primera que se lo dije fue a mi esposa, quien dijo que estaba bien, que ella no podía hacer nada al respecto. Hasta entonces los textos que le pasaba para su lectura no despertaban ningún comentario de su parte, manteniéndose en una actitud reflexiva, pero luego la invite a conocer a Sidi en un diálogo interreligioso que se realizó en la Feria del Libro. Allí quedó muy impactada, realmente la intervención de Sidi entre otros religiosos había sido muy hermosa, Al Hamdu li Lah! A las semanas de dar la Shahada, AL HAMDU LIL-LAH, soñé con el Mensajero de Allah (BPDyC) en un sueño tan claro y nítido como nunca antes había tenido. El sueño confirmaba la categoría del Murshid (C.A.) y lo bueno que era estar bajo su autoridad. Luego, la interpretación que Sidi Murshid hizo de los aspectos simbólicos del sueño, me permitió ver su gran conocimiento del alma humana. Con el tiempo, Sidi Murshid (C.A.) me inició en la Jaluah y la visión, y pude tener experiencia real de su categoría ante el Profeta (BPDyC), el Imam Alí (B.P.) e Isa Ibn Mariam (BP).
A traves de mi actual esposo conoci el Islam, él ya habia adherido al Islam el año anterior, me interesó, él me empezo a contar de que se trataba y un mes después lo fui a ver sidi Murshid. Hablamos largamente de mis inquietudes y él me escucho con mucha paciencia. Sidi me explicó algunas cosas del Din y me invito a seguir asistiendo, comencé a ir con regularidad a las clases y unos meses después adheri en el año 1983. Estaba convencida de que era lo mejor que me habia sucedido y de que quería seguir ese camino, a pesar de ser muy ignorante y muy niña. Me dijo el Profeta del Murshid (C): “Que Allah lo bendiga y proteja y destaque entre las gentes, a mi hijo amado el compañero del Remanente, mi hijo elegido para la última misión [o lapso]”
El primer libro que llegó a mis manos fue la "Historia general de la naturaleza y teoría del cielo" de Manuel Kant, cuando apenas tenía 8 años; un ejemplar salvado de un edificio derrumbado por un tornado que asoló la ciudad de Mercedes, en la provincia de Corrientes. Otros libros, que no me pudieron proveer mis padres por motivos económicos, me llegaron como premios en la escuela primaria: obras de Julio Verne, Edmundo de Amicis, Oscar Wilde y José Hernandez, cuya lectura alternaba con los relatos fantásticos que hacía mi padre de las Mil y una noches, de los cuentos de Horacio Quiroga o de leyendas populares. Mientras cursaba la escuela secundaria visitaba algunas bibliotecas aplicándome a los cuentos de Julio Cortazar, las lecciones morales de José Ingenieros y el ideario nacionalista de Arturo Jauretche, Scalabrini Ortiz y Juan José Hernandez Arregui. Recuerdo que me aventuré a leer la "Crítica de la Razón Pura" de Kant, cuando cursaba el 4º año del bachillerato con orientación docente, y a leer luego a Martin Heidegger. Había surgido mi inclinación por los estudios filosóficos. Al ingresar en la carrera de Historia, en el Instituto Nacional del Profesorado "J. V. Gonzalez", me dispuse a eludir en lo posible la memorización de batallas, fechas o cambios políticos, que no me interesaban tanto, para concentrarme en la evolución del pensamiento oriental y occidental a partir de la teoría del "Tiempo axial" de Karl Jaspers. Debo confesar que desde esa época comencé a torturar a mis familiares y allegados con citas textuales de obras que había leído, de la siguiente manera: "como dijo Platón, como dijo Kant, como dijo Nietszche o Heidegger…" Un autor descubrí entonces que me marcó un sendero hacia la metafísica tradicional, el inefable René Guenón. Por primera vez se abría mi mente hacia una dimensión espiritual que no había encontrado en el Catolicismo, a pesar de haber tomado la comunión, o en la Iglesia Metodista o en los extraños gestos de la Iglesia Pentecostal. Pero, mal interpretando a Guenón, me imaginé que la vía iniciática era solo para gente elegida, tocada por la Providencia. Envidiaba a un amigo de la secundaria que sí había tenido la suerte de ser llamado al sufismo, y concurría por entonces a la calle Rojas, donde funcionaba el Centro de Altos Estudios Islámicos. Cuando parecía que ya estaba condenado a vivir en una burbuja racionalista, en un momento de fuerte desesperación personal y sin que me invitara nadie, me apersoné directamente en las oficinas del Centro de Altos Estudios Islámicos, manifestando mi interés en realizar una investigación sobre la metafísica tradicional para completar una tesis de posgrado en el Instituto del Profesorado. Para justificar mi aterrizaje en el Centro de Estudios Islámicos esgrimí mi conocimiento de las obras de Guenón. Me atendió directamente el Sheij Alí Al-Husainí quien, con una mirada cómplice dirigida a un discípulo que se encontraba en la oficina, se sonrió, frente a un guenoniano más de los tantos que ya habían arribado a su encuentro. Pese a lo abrupto de mi llegada el Sheij Alí Al-Husainí me recibió con gentileza y generosidad, ofreciéndome incluso una obra inédita suya acerca de Pitágoras para que la desarrollara e incluyera en mi investigación. Comenzaron luego una serie de quince clases personales sobre metafísica tradicional que me brindó todos los jueves subsiguientes desde Agosto a Diciembre de 1997. La dinámica era muy sencilla, Sidi Murshid (C) me pedía que en la primera parte de la clase no lo interrumpiera por lo que me limitaba a grabar su exposición o anotar preguntas para la segunda parte, cuando se producía un dialogo espontáneo. Antes de comenzar decía él en voz baja unas palabras desconocidas para mi "Bismilahir Rahmanir Rahim" y cerraba sus ojos concentrándose en aquellos conocimientos extraordinarios. Una vez le pregunté si veía y me respondió que oía. Así fui aprendiendo nuevos conceptos y observando los primeros detalles del Din, como por ejemplo la delicadeza de Saida Salma y Yuhaina, esposa e hija del Sheij, que se acercaban en cada encuentro de manera amable a convidarnos con té y algo dulce tratando de interrumpir la clase lo menos posible. Cada vez que salía de esos encuentros sentía que mi pecho se abría y la satisfacción de escuchar conocimientos tan elevados me acompañaba durante el resto de la semana, luego me dedicaba a desgrabar las charlas y transcribirlas en mi computadora. Recuerdo que, en esa época, concurría los miércoles a la Biblioteca de la "Basílica de Nuestra Señora de la Merced" en Buenos Aires, a un seminario sobre Heidegger dictado por un eminente profesor argentino, Narciso Pousa, discípulo de Jean Wahl, en la Sorbona, y titular de la cátedra de Filosofía Contemporánea de la Universidad de la Plata. Pero, con todo el respeto que me merecía su erudición, no se podía comparar con aquello que me enseñaba el Sheij Alí Al-Husainí, fruto de la inspiración del Profeta (BPDyC). Tal era la admiración que sentía por sus enseñanzas que cuando intercaló referencias extraordinarias sobre el Imam Al Mahdí (P) o Saidiina Al Jadr (P) no se me ocurrió siquiera ponerlas en duda. Así fue como quedé cautivado por el Sufismo que, tiempo después, me vine a enterar que implicaba a su vez toda la sunnah profética en un grado máximo de cumplimiento, por lo que me vi de buenas a primeras, el 30 de diciembre de 1997, como discípulo del Sheij Alí Al-Husainí, adherente del Islam y neófito ayunante del Mes de Ramadan, un día después de dar mi testimonio de fé o Shahada.
Si bien siempre estuve en contacto con gente musulmana, la primera vez que tuve conocimiento del islam verdadero fue cuando conocí a la Yamá‘ah y pude ver su modo de vida. Al Murshid (CA) lo conocí cuando tenía aproximadamente 7/8 años ya que era compañera de la escuela primaria de una de sus hijas. Cuando lo veía sentía que su presencia generaba respeto, parecía una persona muy seria. Adherí al islam en el año 2001, cuando vine de vacaciones a San Martín de los Andes a conocer a la Yamá‘ah . La primera noche tuve un sueño en el que escuchè una voz que me decía: Ya peregrinaste, hiciste la salat, hiciste la salat meritoria, sólo te falta escalar la montaña. Luego tuve una conversación con el Murshid (CA) en la cual me explicaba este sueño, quedando maravillada, ya que yo no tenía ningún conocimiento de los símbolos del sueño. Ahí fue cuando decidí renunciar a mi trabajo, mis costumbres para dedicarme en lo posible a las indicaciones del sueño.
A Sidi Murshid (C) lo conocí en una reunión muy breve donde le manifesté mis intenciones con respecto al Islam y hacia una mujer de la yama’ah. Tuve la sensación de estar ante una persona con la cual no se podía jugar, pero no fue solamente con él sino con todo su entorno. Además sentí que lo cuidaban. Después de unos meses, luego de haber dado mi shahada tuve otra impresión surgida al hablar por teléfono con él, fue un sentimiento filial que me hizo comprender lo que sienten hacia él los integrantes masculinos de la yama’ah, el cariño y el sentido de protección. Recuerdo la reacción de mi madre cuando le informé de mi adhesión, que me preguntó asustada: ¿No será peligroso eso nene? Y ahora es mi madre la que más se acerca ya que yo le informo lo poco que se y que a ambos nos ocultó durante mucho tiempo la Iglesia Católica. Pese a ser el último en haber adherido al Islam, dentro de la Yama’ah, puedo manifestar que los Duah de Sidi Murshid (C) en la salat son escuchados, salimos de las enfermedades, son fértiles nuestras mujeres y sus bebes crecen saludables.
Mi primer acercamiento al Islam fue por conocidos que no fueron un buen ejemplo de musulmanes y por algunas lecturas. Cuando vine de vacaciones a San Martín de los Andes por insistencia de una prima, lo conocí a Sidi Murshid (R) en una invitación a comer a la casa de ella. Luego de hablar de temas generales me preguntó si me podía poner un nombre. Le dije que sí, aunque todavía no entendía mucho lo que estaba pasando me emocioné mucho. Luego conocí a la yama’ah, a las mujeres, y me conmovió mucho el amor, la solidaridad y las virtudes particulares de cada una de ellas, me sentí muy cómoda. En ese momento supe que allí estaba mi lugar, que era lo que quería, y decidí a adherir al Islam. Cuando dí la Shahada fue un viernes de yumua, fue muy emocionante y estaba muy nerviosa sobretodo en el momento que lo tuve a Sidi frente a mi y me hacía repetir la Shahada, se me trababa la lengua. En esos días conocí a mi esposo y sentí en mi corazón que si no me casaba con él me iba a quedar soltera. Ual hamdu lil-lah Sidi le aconsejó que se casara conmigo. Cuando volví a Buenos Aires sentí un poco de miedo de no poder tomar la decisión y volver, pero Allah me dio las fuerzas para hacerlo. Hacía mucho tiempo que estaba buscando algo que me llevara a la felicidad ya que me sentía en un pozo que no podía salir. Agradezco a Sidi Murshid (R), todas las enseñanzas y todo el amor que pone para curarnos y a que nos muestre cual es el camino correcto que debemos seguir para nuestra felicidad, y para estar mas cerca de Allah y en la compañía del Profeta (BPDyC), y sin duda que la familia es la yama’ah.
Cuando salí del secundario realmente no sabía que iba a hacer de mi vida, me aboque, sobre la base de la educación que había recibido, a resolver mi situación económica, pero siempre intuía en cada uno de los pasos que daba, que ello no era el fin de todo. Me volqué a la lectura, a la búsqueda de textos que pudieran darme una explicación de la existencia, de mí mismo, que reuniera íntegramente todos los aspectos de la vida en la cual pudiera desarrollarme. En esas vueltas de la vida, y dentro del ámbito laboral en el cual me movía, conocí a una persona, a la cual tengo mucho aprecio, que me indico el Islam, algo que hasta entonces no conocía, y la poca información que tenía era la de los medios de información, que generalmente poco conocen y mucho difaman. Prontamente me dispuse a empaparme del tema, en eso, este amigo me contacta con un hermano de la comunidad y éste a su vez con quién hoy es mi maestro. Lo que más me sorprendió, cuando tuve mi primer encuentro con el Murshid (CA), fue su profundidad, elocuencia y además su acierto en esa primer entrevista, de algo intimo, de una necesidad que tenía, que al adherir al Islam fue un tesoro que comencé a degustar, que es el Din del Islam, la forma de vida del Profeta Muhammad (BPDyC). A traves del tiempo descubrí que esas palabras que surgieron de esa entrevista, y todos los consejos que a posteriori me dio (CA), estuvieron siempre orientados a lo mismo, y que hoy abren en mí puertas cada vez más profundas de mi propia realidad, y es el testimonio más veraz e ineludible que tengo de mí mismo y de la veracidad de mi Maestro.
Lo primero que oí sobre el Islam fue a través de mi marido, el tenía libros sobre sufismo, pero no les presté atención hasta que en 1987 se dieron unas conferencias en Tandil, donde vivíamos entonces. No pude ir porque estaba embarazada de mi hija y mi hijo varón era muy chiquito, pero mi marido fue, regresando al finalizar la misma con Sidi Murshid (C) y dos o tres personas más. Los invitó a tomar un café y así conocí a Sidi Murshid (C), quien me pareció una persona muy agradable. Intuí entonces que haberlo conocido implicaba un bien para nosotros aunque todavía no sabía porqué. Al año siguiente mi marido adhirió al Islam lo que me permitió acceder a escritos sobre el tema, los cuales leí sin entender mucho. También me permitió tener contacto con gente de la Yama’ah que venía a cada tanto a dar conferencias y se alojaban en casa. Me sentí siempre muy cómoda con todos ellos. Comencé entonces a tomar costumbres o reglas como propias, dejé de comer cerdo y cualquier bebida que contuviera alcohol, inclusive comencé a hacer salat, pero la abandoné porque no entendía bien el significado; no estaba preparada. Hasta que en el año 1994, en enero, vino la Yamá‘ah entera a pasar unos días en Tandil con nosotros. Esos días los viví en alegría permanente pese a que la rutina era muy exigente. Pasaron cosas maravillosas, sentí que la casa se llenó de ángeles y supe que quería adherir al Islam. Recuerdo que cuando lo hice, al día siguiente, fui a ver a mi mamá para contárselo y ella lloró de emoción. Mi relación con Sidi Murshid (C), por la distancia en que vivíamos y por mi timidez no pude establecerla firmemente hasta que nos trasladamos a SMA, varios años después. Pero comprendí que Sidi Murshid (C) nos conoce más de lo que nosotros sabemos. Cuando vivíamos en El Bolsón, estaba muy deseosa de venir a SMA, tenía necesidad de hacerlo y cuando finalmente lo hicimos Sidi Murshid (C) me dijo que había algo que le repetía en su cabeza todo el tiempo mi nombre; él sabía de mi necesidad sin que hubiéramos hablado. La intención de venir a SMA la teníamos hacía rato, pero no sabíamos como concretarla, hasta que se me ofreció un lugar para trabajar en la fábrica y no lo pensé, le dije a mi familia, voy a buscar casa para alquilar y nos mudamos. Esto era lo que estaba soñando hacer desde el año 1995 en que se comunicó lo de la emigración. Desde ese momento todo lo hacía pensando en el día en que estuviera con la Yamá‘ah y se cumplió finalmente mi anhelo!
Mi primer acercamiento al Islam fue durante la secundaria, cuando noté que en el programa de historia no se desarrollaba la materia, sino que se truncaba de modo significativo sobre su amplia historia. Comencé a investigar con los limitados recursos que había en mi casa, ya que tenía trece años, y me encontré que la enciclopedia era de los años cincuenta, y era totalmente tendenciosa. En esos momentos esto me llevó a meditar sobre el Islam y sobre el medio oriente, ya que no podía tener menos diversidad cultural que Europa. De modo paralelo se desarrollaba, desde niño, la necesidad de conocer a Dios, ya que mis padres no podían, ni básicamente, responder a mis preguntas. El tema reapareció a los diecisiete años al encontrar a la que luego sería mi esposa. Comencé a hablar el idioma árabe que aprendía en la casa de mi suegro, y luego a leer y a escribir, pero todavía desligado del Islam, hasta que le pedí a mi suegro un pequeño Corán que tenía para poder leerlo, y esto me tocó profundamente, aunque era muy poco lo que entendía por ser el idioma clásico, y no el coloquial que yo había aprendido. Fui dos veces a la mezquita de “Alberti” para encontrar al sheij de la mezquita y las veces que fui no pude encontrarlo, mientras estudiaba cuanto podía el idioma y me informaba, ya de fuentes más amplias, de la historia del Medio Oriente, y de algunas nociones sobre el Islam. Hasta que un día decidí concretar mi interés, y le pedí a mi suegro que me contactase con algún amigo suyo que conociera sobre el Islam, para poder comprenderlo. Mi suegro llamó al hermano del Imam, Ibrahim, y éste lo encomendó a su hermano, Sidi Murshid (CA). El encuentro con el Imam fue ese mismo día, porque mi suegro llamó y consiguió una reunión inmediata. Cuando fuimos nos atendió una ayudante del Imam, y nos condujo a la oficina, que era la de la calle Rojas en Buenos Aires. Cuando nos encontramos con el Imam mi primera impresión fue contraria a lo que esperaba, ya que el trato era normal y sin ninguna muestra de vanidad, lo que demuestra su veracidad (CA). Tuve una conversación en la cual no noté nada fuera de lo normal. Encontré suma hospitalidad, y un regalo de parte del Imam (CA) de las tres revistas de Sufismo Viviente. No podía esperar para leerlas, y cuando me fui a dormir esa noche pensé ingenuamente que el contacto con el Imam (CA) ya había acabado cuando lo despedí. Pero esa noche tuve un sueño que me marcó profundamente, y me dio la certeza de lo que tenía que hacer, el sueño es el siguiente: Caminaba por la avenida Medrano hacia Corrientes con el Múrshid (CA). Caía una llovizna fina. Íbamos hablando sobre la dificultad de encarar una decisión como el compromiso del Islam, cuando al llegar a Corrientes una mujer pasó corriendo entre nosotros violentamente, y de su bolso cayó un libro. Lo levanté y me di cuenta que era el Sagrado Corán, y entonces exclamé: - ¡Debemos devolvérselo! No, ahora es tuyo, debes decidir que hacer con él. - dijo el Múrshid (CA). Me levanté inmediatamente, muy consternado por la nitidez del sueño. Luego mi esposa, entonces mi novia, me pidió que le hiciera una entrevista con el Múrshid (CA) para hablar de algo en particular, y en esa reunión el Múrshid dijo algo que me impactó, dijo que el Sagrado Corán es verdad, y que el Paraíso es verdad, pero que Allah no está sujeto a ningún plan, por lo tanto puede cambiar todo si lo quisiera. Esto me conmovió, porque nunca antes había visto tanta humildad y profundidad en un religioso, y logré ver que me estaba acercando, no al Islam que presumía, sino al verdadero Islam, a la forma de vida real. Adherí al Islam luego de un año, aproximadamente, desde mi primer encuentro. Esto se debió a los problemas surgidos en mi familia y en la familia de mi novia, ya que si forzaba las cosas iba a ser muy difícil para ella, y yo quería que ella adhiriera. Esto es muy discutible hoy, pero así era para mí en ese entonces. Adherí el día del natalicio de saidina Fátimah (BP). Estábamos formados en fila para la salat, y ese día había decidido decirle al Múrshid (CA) que me tomara la shahada después de la jutbah, y mientras me acomodaba el Múrshid exclamó. ¡Hoy es un buen día para que alguien de la shahada! Luego se dio vuelta y me miró directamente. Me sorprendió tanto que me di cuenta que podía intuir los corazones. Luego inmediatamente di la shahada. Puedo decir que mi vida real comenzó ni bien conocí al Múrshid (CA), y que gracias a él pude comprender lo más importante en un ser humano, y es el Amor verdadero, reflejo del Amor al Profeta (BPDyC). Sólo una persona con un grado muy elevado puede por sí solo despertar un corazón que estaba muerto, en algo que está vivo, Al-Hámdu lil-Láh. Una vez me inspiró Musa (BP): “No encontrarás en el mundo un guía mejor que tu Múrshid (CA) para ti”, y me dijo el Profeta (BPDyC): “Por eso es difícil que vuestro Múrshid (CA) pase desapercibido entre la gente, como Musa (BP), y porque a vuestro Múrshid (CA) Allah lo enalteció, porque él se humilla sacrificando su vida por los amados por mí, como una lámpara que se consume para dar la luz”. Mi primer acercamiento al Islam fue en el año 1998 a través de mi esposo, quien se había puesto en contacto con sidi Murshid poco tiempo antes. Vi por primera vez a sidi Murshid en una conferencia que dio junto a otros religiosos en la Fundación Banco Patricios; mi primera impresión sobre él no ha cambiado hasta hoy: es la persona más sabia que conocí. Adherí al Islam pocos meses después, en la festividad de Fátima, con ella sea la bendición y la paz. Al principio mi familia reaccionó de manera indiferente, casi negativa, pero con el tiempo, al apreciar cuánto bien el Islam había traído a mi vida, la predisposición fue mejorando. La categoría extraordinaria del Murshid puede describirse por muchísimas anécdotas o experiencias, pero la transformación personal que vivenciamos quienes los seguimos quizás sea la más evidente. Me decidí a emigrar a SMA después de muchas dudas injustificadas, y luego de estar acá un tiempo comprobé que fue una excelente decisión y supe que hubiese sido mejor venir antes, pero Allah lo quiso así y gracias a Él hoy estoy acá.
Después de haber peregrinado por varios lugares impulsado por la necesidad de darle sentido a mi existencia, me prometí a mi mismo que en el próximo lugar adonde me dirigiera me quedaría al menos tres años cumpliendo con lo que se me ordenara. Había entendido algo básico, el conocimiento no era suficiente sin una práctica consecuente. No conocía nada en absoluto sobre el Islam, pero por intermedio de una persona obtuve la dirección de Rojas y allí fui a entrevistarme para ver que debía hacer para pertenecer a este "grupo de Sufis", algo que para mi era totalmente desconocido y novedoso. Fue una entrevista corta y amable y recuerdo que no fue directamente con Sidi Murshid sino que él estaba sentado detrás de mi y sin conocerlo ni saber quien era intuí inmediatamente que era "la persona con quien debía hablar". En la siguiente oportunidad tuve una entrevista con él y empecé a conocer el amplio mundo del Din de Allah y su Amado, el Profeta Muhammad rasul Allah (BPDyC). La categoría de Murshid (R) es algo que como condición primaria y por inspiración divina se descubre desde corazón del buscador sincero, y es una simpatía mutua, informal. Y Allah Exaltado es Quien hace sensible ese vínculo, lo despierta y vivifica. Con el tiempo uno constata que a quien busca un maestro, Allah es Generoso con Su regalo y jamás lo dejaría sin guía. Desde el principio supe que era una persona con un conocimiento extraordinario tanto en lo espiritual, lo metafísico, como en los diversos aspectos del alma y algo que hasta el momento no podía evaluar, su conocimiento del Sagrado Corán y la Sunna del Profeta (BPDyC). Esto, a mi entender, determina en gran medida una conducta a seguir y él (R), siempre se cuidó de poner al Profeta (BPDyC) y su Bendita Familia (PP) como ejemplos. Tuve la suerte de acompañarlo durante algún tiempo en algunas disertaciones, conferencias públicas y viajes, y siempre me maravilló su soltura, seguridad y el conocimiento de sus respuestas. A todo esto, que es si se quiere exterior, lo acompañaron como regalos extraordinarios testimonios de lo más variados, de muchas personas confiables y por supuesto propios (los que por su intimidad me reservo). Con diversos matices, pero siempre reafirmando su condición de murshid (R) y depositario de la confianza del Profeta y su Descendencia (BPDyC). Y a todo esto debo sumarle el "condimento" necesario, la "degustación exquisita": el amor. Un amor que a pesar de las dificultades, tensiones, (producidas por la propia inestabilidad de quien escribe) nunca, jamás, ha decrecido ni se ha visto mancillado. Es el vínculo del padre y del hijo que más allá de cualquier contingencia se mantiene incólume, por principios y metas comunes. Por el contrario, se afirma más, y como quien deja este mundo se encuentra en el otro con lo que ama, mi anhelo descansa en el amor a él y a lo que él ama y nos ha enseñado a amar, con todos ellos sea la Bendición, la Paz y más elevada y amorosa súplica, por su intercesión y guía, Muhammad y su descendencia bendita y purificada. En sus manos he puesto (no con la irresponsabilidad de quien se deshace de sus obligaciones, sino con la seriedad de quien debe hacer un préstamo bonísimo y debe tomar una determinación grave al respecto) mi persona, mi familia y con lo que Allah Exaltado Sea me ha querido distinguir porque a esta altura sé, mi corazón lo sabe, cada respiro mío lo sabe, es quien El ha distinguido con la inspiración y el amor del Profeta (BPDyC) para que nos guíe y conociendo lo que hoy conozco (que es muy poco) me sosiega estar a su lado, y Allah es Mas Sabio. Solo espero poder seguir navegando a su lado, en los remansos y en las tempestades, con reconocimiento, amor y confianza. Porque hoy sé más que nunca, que la Dación Generosa está en Sus Manos y Allah es Generosisimo, Misericordiosísimo, sin tener uno, merecimiento alguno.
Conocí al Murshid (C) y al Islam, cuando empecé a concurrir a la yama’ah (año 1986). Fue por intermedio de mis compañeros del Conservatorio de Música. Al principio me parecía un lugar un poco “raro” pero me sentía muy a gusto. Especialmente cuando comencé a concurrir a las Jutbas, me dio una sensación de alivio ver que finalmente (a los 18 años) estaba aprendiendo cosas que nunca me habían enseñado, pero que siempre había anhelado conocer. Hice la shahada aproximadamente un año después. Se acercaba el mes de Ramadan, tenía intención de ayunar y Sidi Murshid había dicho que no era válido el ayuno si uno no era musulmán. Así que me animé a dar el testimonio. Al hacerlo, el Murshid me puso el nombre por inspiración, sin consultar el Sagrado Corán: -Ud. se va a llamar así ¿Le gusta? – dijo, y me miró con amor, como si me hubiera dado el mejor tesoro del mundo. En mi ignorancia, no me pareció tan lindo, porque lo relacioné con un tipo de caballos, pero él parecía tan contento que asentí. Con el tiempo fui conociendo cuan bello era este nombre, al Hamdu li Lah, que significa “adorno del padre”, y el ejemplo extraordinario de palabra y acción de una hija de Alí, al acompañar a su hermano Al Husein (P) en Karbalá y al defender al Imam Ali Zain Al Abidin (P). Gracias al Murshid (C) conocí el din del Islam, conocí al Profeta Muhammad (BPDyC) a través de su sunnah y su enseñanza, pude tener sueños veraces y experiencias extraordinarias en la Jaluah. El Profeta (BPDyC) nos ha dicho “Os he dado a alguién que es como mi mismo, refiriéndose al Murshid y esta es una dación extraordinaria de Allah Ta’ala que no debemos dejar de agradecer ni por un instante. Desde que escuché los mensajes provenientes de las jaluas de dos miembros de la Yamá‘ah sobre la emigración anhelé en mi corazón concretarla. Al tiempo Sidi Murshid (C) luego de conocer el lugar de la Madina determinó para nosotros asentarnos en una ciudad cercana: San Martín de los Andes. Con la certeza total de que iría a vivir a ese lugar que no conocía averigüé en la Casa de La Provincia de Neuquén cuáles eran las escuelas que había en SMA, con el propósito de buscar trabajo. Cuando SM se disponía a venir a SMA con otros cuatro miembros de la yama’ah a averiguar sobre viviendas y trabajo, le pedí una fuqará que preguntara qué alternativas laborales podría haber para mi. Sidi Murshid (C) escuchó la conversación y me dijo: Usted va a ser la primera en ir para allá. Y así fue, participé de ese viaje en abril de 1996, conseguí trabajo enseguida, Al Hamdu lil Lah y un mes mas tarde estaba instalada en el lugar al cual Allah me ordenó emigrar.
Viviendo en Tandil, en 1986, recibí un folleto que anunciaba unas jornadas sobre Sufismo e Islam, si bien había leído acerca del sufismo había sido como algo desasociado al Islam, por lo que me llamó la atención. En esas tres jornadas en la Universidad Nacional del Centro conocí a Sidi Murshid. Cuando terminó el ciclo me acerqué directamente a él, lo invité a mi casa a tomar un café y aceptó. Fue una reunión muy agradable, muy linda, y presencié por primera vez una salat. La claridad de exposición de Sidi Murshid me allanó el camino para las cosas que habrían de sobrevenir. Vi en él una categoría espiritual que no había visto en ninguna otra persona, cada palabra de él reflejaba sabiduría y categoría espiritual lo que no ocurre con otros que hacen gala de mera erudición. Cada vez que viajaba a Buenos Aires para quedarme 2 o 3 días, me acercaba a Rojas. Al poco tiempo adherí al Islam. Recuerdo que mi padre tuvo entonces una reacción típica del medioevo, como que quería salir a combatir a los musulmanes, pero con el correr del tiempo comprendió que el Islam no era lo que él pensaba y vio que uno sigue una vida normal y mejor aún. Mientras viví en Tandil mis encuentros con Sidi Murshid fueron esporádicos. En cada viaje trataba de llevarme material de lectura, libros recientemente editados, etc. hasta que vino la época de la emigración. Hice algunos intentos fallidos para radicarme en SMA pero a partir de la invitación de un amigo me trasladé algo más cerca, a El Bolsón, escala previa a mi instalación definitiva en San Martín de los Andes.
Mi acercamiento al Islam fue por medio de mi actual esposo quien desde setiembre de 2001 me fue transmitiendo lo que sabía. El me había hablado bastante acerca de Sidi Murshid por lo que esperaba ansiosamente conocerlo. Al segundo día de instalarme en SMA me lo presentó. Cuando lo conocí me pareció un hombre muy formal, respetuoso y serio. Comencé a asistir a partir de entonces a las reuniones de la Yamá‘ah sin haber adherido todavía al Islam, hasta que tuve un sueño extraordinario que me hizo dar cuenta de lo maravilloso que era y que no podía dejar de ser musulmana. En ese sueño apareció Al-Jadr (BP) y alrededor de él estaba toda la Yamá‘ah. Fue como un calor intenso que entró en mi pecho al verlo a él (BP) y a Musa (BP) e Isa (BP) entrando por la puerta del Jardín donde ocurría toda la secuencia. En el sueño se encontraba también mi esposo diciéndome que no me asustara, que todo era maravilloso y no paraba de decir “Al Hamdu-li Lah”. Al otro día inmediatamente se lo conté a Sidi Murshid, para poder dar la Shahada. Recuerdo que al dar mi testimonio estaba muy emocionada y lloré un montón.
Ni bien se despertó en mí la necesidad de un camino espiritual y la curiosidad sobre las diversas religiones comencé a indagar en literatura sobre el tema, tarea que se me facilitó por tener al alcance la biblioteca de mi padre, el cual frecuentaba ese tipo de literatura. Lo primero que llegó a mis manos sobre el Islam fue la revista “Sufismo Viviente” editada por el Centro de Altos Estudios Islámicos y luego algunos textos de Al-Gazali. A través de estas primeras lecturas se dio también mi acercamiento al Murshid (RA). Ya que en ese entonces intercambiaba lectura con un amigo mío y ahora hermano de la Yamá‘ah h, con quien al poco tiempo comencé a asistir a las reuniones de la Yamá‘ah h. De mis primeros encuentros con el Murshid (RA), recuerdo haber quedado muy satisfecho, ya que desde el principio sentí haber encontrado lo que estaba buscando. Antes de ello mi búsqueda solo me había conducido a falsarios, charlatanes y comerciantes que lucraban con lo espiritual o eran gente engañada. Por el contrario en el Murshid encontré una fuente extraordinaria de conocimientos, amor a la enseñanza y una actitud de seriedad y respeto frente a los conocimientos que trasmitía. Y por sobre todo un maestro vivo que era ejemplo de aquello que enseñaba y modelo de virtud, el cual con el tiempo fui descubriendo investía e inviste una categoría espiritual elevadísima de la que Al-Hamdu lil-lah puedo dar testimonio: En una ocasión, por la Baraka y la guia del Murshid (RA), en una experiencia se presentó Saidiina Musa (BP), y luego de saludarme me dijo” te enseñaré la mejor forma de saludar al Murshid (RA), y luego dijo “saludar al Murshid es orientarse hacia la quibla de Muhammad (BPDyC)”. Con el Murshid encontré las respuestas que buscaba y mucho más, ya que por él termine abrazando el Islam y amando al Profeta (BPDyC). La reacción de mi entorno familiar fue muy favorable, ellos sabían la necesidad que tenia al respecto y me acompañaron y apoyaron en todo momento, al punto que algún tiempo después mi padre dio el testimonio de fe.
Antes de conocer al Murshid (R), ual Hamdu lil Lah, no tenía mucha idea de que era el Islam, solo alguna mención tipo cuentos sufis o las mil y una noches, pero nada importante. La primera vez que vi al Murshid (R), fue en una conferencia interreligiosa en el colegio de escribanos de Bs. As., y lo primero que me dijo fue: Bienvenido. La diferencia con los otros orantes era total, recuerdo que me llamaba poderosamente la atención la marca en la frente de Sidi Murshid (R), no podía dejar de verla, vaya a saber uno en que fantasía estaría pensando. Un amigo me había llevado, él lo venía viendo a Sidi Murshid (R) desde hacía unos meses, y me relataba de sus encuentros y lo que estaba leyendo, el cielo y el infierno, cosas de las que nunca había escuchado hablar con seriedad, el Fin de los Tiempos, la inspiración... Recuerdo que el día que me dijo que había adoptado el Islam, yo dije que me iba a hacer budista zen, ual Hamdu lil Lah, Allah hace lo que quiere. Después de ese primer encuentro, comencé a asistir a las reuniones en casa de unos fuqará. Me impresionaba participar de los actos de devoción, que era algo completamente desconocido para mi, la salat y el dhikr, nunca había vivido algo así, era como si hubiese encontrado algo que siempre había estado buscando sin saberlo. Y el conocimiento... el Murshid (R) era alguien que podía responder todas las preguntas, las que me había hecho y las que nunca siquiera había formulado, y era el primero que proponía una meta auténtica y un camino para alcanzarla. Unas dos semanas después, por primera vez pude hablar en privado con el Murshid (R). Me encontraba contrariado porque sentía que para participar de la yama’ah tenía que adherir al Din, me sentía un farsante. Sidi me dijo: “Lo puedo esperar toda la vida”. Con los años me di cuenta que no importa la cantidad sino la calidad de la gente. Dos semanas después, en un yumuah, di la Shahada, ual Hamdu lil Lah. La circunstancia fue la siguiente: en la reunión anterior, ‘Ali, el hijo de sidi Hasan, me preguntó cuando me iban a poner un nombre islámico: Dentro de poco, le contesté y me encontré a mi mismo con una decisión tomada. Esto fue en mayo o junio del 1998. La reacción del entorno fue, primero, de asombro, incredulidad y desinterés, como si se tratara de una locura mas de tantas otras, y cuando se fue evidenciando la confirmación de la práctica del Din en uno, como algo irrevocable e inapelable, ual Hamdu lil Lah, la reacción se torno en rechazo y en los mejores casos, una respetuosa distancia. Esto se fue haciendo cada vez mas patente, sobretodo a partir de la emigración. La emigración, en mi caso, fue una necesidad, algo inevitable, un paso que había que dar para poder seguir adelante. Estando en Bs. As. se mantenía una duplicidad que no podía superar, y solo conocí lo que era la yama’ah luego de la emigración, cuando el Din paso a ocupar toda mi vida. Cuando tome la decisión fue como si todas las puertas se cerrasen, y solo quedase una posibilidad. Recuerdo que el día que salía, fui a saludar a Sidi Murshid (R) y me dijo: Si va a emigrar, hágalo por el Imam (BP), si no, de nada sirve. En ese momento, no tenía ni idea de lo que realmente significaba esto, salí temblando de la casa del Murshid (R), e hice du’a como nunca antes había hecho. Creo que ese día Allah Ta’ala cambio mi destino, ual Hamdu lil Lah. ¿Cómo testimoniar sobre la categoría del Murshid (R)? ¿Es que acaso podemos conocerla? Pero si puedo testimoniar sobre mi mismo, y lo que el Murshid (R) hizo y hace de mi, sobre el error y el sin sentido, las tinieblas y el olvido en que me encontraba hasta encontrar a nuestro Murshid (R), ual Hamdu lil Lah, y todo el bien que de él(R) recibo ¿y que sería de mi, sino hubiese sido por él (R)? El Murshid (R) fue primero, quien me enseñó a nombrar a Allah Ta’ala, fue quien me enseñó la salat y a amar el Tauhid, fue el primero que me dijo que podía ser feliz. Fue quien me indicó quien sería mi esposa y quien le puso el nombre a mi hija. Fue quien me enseñó a afeitarme, y a vestirme, quien me enseñó a trabajar y a hablar. Quien me enseña que Allah hace lo que quiere, y que de El solo proviene el bien y únicamente el bien. El Murshid (R) es quien me enseña que es el amor, que es la sinceridad y qué la generosidad, la fidelidad, y el honor. Que la dignidad es la presencia divina en el corazón del siervo y la nobleza, el amor del Profeta (BPDyC). La compañía del Murshid (R) es advertencia y sosiego. Es la mirada de Allah fija en mi corazón. La compañía del Murshid (R) es la presencia del mas amado (BPDyC) ¿Es que acaso alguien puede negarlo?
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PRÓLOGO
Debemos primero advertir que existe una doble versión de Jesús, una muy popular y conocida, que podríamos llamar la versión “mitológica”, que no lo concibe en su real dimensión, creyendo que así lo enaltece, y atribuyéndole cosas que no le corresponden; y, segundo, una versión real de lo que fue Jesús, según surge de los evangelios y demás documentos más antiguos. La función de los Profetas en la historia, en cuanto maestros de la humanidad, ha sido la de descubrir la realidad. Consistió en eliminar los cuentos y los mitos, y enseñar al hombre la verdad tal cual es, siendo ella el único medio de llegar a la plenitud del ser. El que no conoce es apto para admitir mitos y cuentos. Llegar a la verdad, a la realidad de las cosas, y aceptarlas como son, rechazando la mitología y el cuento, es un desafío muy grande para el alma humana. El “Jesús” de la mitología es un “Jesús” neutro, inofensivo, como un sedante que se le ha dado a la gente para que no piense. Un “Jesús” forjado para otros fines diferentes al conocimiento verdadero, a la búsqueda de sí mismo, de la verdad por sí mismo, al esfuerzo por la propia plenitud y liberación. Esta falsificación se realizó por dos vías, por un lado alterando los textos originales, y por otro, cubriendo tales textos (pues en última instancia no pudieron ser totalmente amañados) a través de una doctrina que se llamó “la tradición”, a la que se le ha otorgado una categoría más importante que la que tienen los evangelios. Dicha “tradición” no es más que una interpretación histórica del cristianismo, adaptada a la mentalidad de una época, interpretación que sirvió de trampolín para la expansión del cristianismo en el imperio romano, y en general en occidente, por entonces degradado para el conocimiento espiritual y metafísico puro tal como el que traían los Profetas. Así se da una forma indebida al mensaje de Jesús, forma que en realidad lo oculta y lo distorsiona. Con este opúsculo deseamos contribuir al esclarecimiento necesario de aquel mensaje. Nuestro propósito no es polémico sino educativo, pedagógico. Deseamos mostrar los velos que cubren algunos secretos sobre el significado metafísico de Jesús, sólo los velos, para que en ellos se vea la luz de la verdad resplandecer. Lo hacemos, además, como acto de desagravio al Mesías, al que ama nuestro corazón, el que ha sido injuriado a través de los siglos por los ignorantes y los malvados: “Y entonces vendrán a mí y dirán: “Muchos me dirán aquel Día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Y entonces les declararé: “¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!” (Mateo 7:22-23)
INTRODUCCIÓN
La interpretación que se le da a la gente en general de los hechos acerca de Jesús el Mesías suena más bien, como ya dijimos en el prólogo, a mitología. La gente en su ignorancia acepta pasivamente todo lo que le presentan, que normalmente va dirigido a su sentimentalismo. Aunque hoy ya nadie cree en mitologías abiertamente como en el pasado, lamentablemente tampoco conocen la verdad, por lo cual hasta lo verdadero cae bajo la picota de la duda y es rechazado como falso. Más aún y peor, en la actualidad tampoco se hace el esfuerzo de superar la mitología, más bien se la profundiza, se la multiplica y perfecciona, y se la exalta a través de muchos medios que llegan al pública masivo sin tamiz alguno, y es consumido como el alimento más preciado. La televisión, el cinematógrafo, la fantasiosa literatura que se inmiscuye en asuntos antes exclusivos de la investigación más rigurosa, debido a su gravedad, pero que alega que ha investigado y concluye dando una opinión caprichosa y sin fundamento, etc., son hoy los mentores de la verdad, y así lo acepta el público en general. La degradación intelectual del presente no tiene parangón en la historia de la humanidad. La humillación que sufren los verdaderos pensadores es coincidente y directamente proporcional con la degradación social que sufre la población. Podemos decir sin equivocarnos que el caos en que se vive y la inseguridad que nos aflige son hijos de la degradación que los verdaderos referentes de la humanidad adolecen. Esto se produce también en las ciencias en las que las humanísticas, como la filosofía, la psicología, la historia, la sociología y otras quedaron en manos de personas incapaces de plantearlas en su verdadera esencia, y que las ponen al servicio de la publicidad, de la producción dividendos, de una ideología política, y en definitiva del poder dominante, no de una reflexión seria y objetiva. Esta es la parodia de la ciencia. La cultura se ha degradado, la curación por el espíritu, como se llamaba a cultivar el conocimiento, se ha mercantilizado. Los falsarios de cada sector simulan conocimientos y sólo responden a sus apetencias. Los ídolos dominan, no ya solamente a las masas que en su ignorancia los compran con parte de sus vidas, sino también a los pretendidos mentores de cada dominio. En definitiva, la idolatría de hoy es superior en degradación a la antigua. Nosotros realizaremos aquí acerca de Jesús una especie de investigación detectivesca, o como la que realiza un juez en un caso delictivo, donde existe un crimen o un hecho sospechoso. Debemos estudiar no ya las palabras, lo que dice la gente, sino los acontecimientos, para formarnos un argumento, una idea de lo que realmente pudo haber pasado. Y por suerte tenemos datos suficientes sobre los hechos, datos que los “correctores” de las Escrituras no entendieron, porque de lo contrario los hubiesen borrado. En realidad no sabían que allí se encontraban las claves. Lo fundamental es que aún cuando existan agregados y distorsiones en los textos, lo que surge de los hechos es lo más importante. Es cierto que debemos contar con que los textos han sido alterados a través del tiempo por parte de los escribas, a veces sin mala intención. Se afirma, por ejemplo, que la “Vulgata”, es decir la Biblia que estableció San Jerónimo en el siglo V, por orden del Papa de esa época, ya en el 1.500, cuando se editó por primera vez en imprenta, estaba tan corrupta que al cotejar varias no había dos párrafos iguales. Aunque repetimos, lo que surge de los hechos es lo más importante. Quedarán no obstante muchos asuntos sin dilucidar, porque nuestro intento no es agotar este tema con un opúsculo como el presente, sino solamente abrir una puerta hacia los secretos de los hechos alrededor de Jesús el Mesías.
PRIMERA PARTE
¿Quién es Jesús? Comencemos, pues, con nuestro tema al que podemos llamar “el secreto de Jesús”. Trataremos sobre su significación, la función metafísica que él ha tenido en este mundo y que tendrá en el futuro, y por último su jerarquía entre los maestros de la humanidad. Deseo advertir, también, que no nos basaremos en otra cosa que los Evangelios, trataremos de descubrir el sentido de dichos textos en su pureza y espontaneidad. Debemos partir de la idea de Jesús, como el Mesías esperado. Así fue mencionado reiteradamente por el Antiguo Testamento. Jesús mismo dice en el Evangelio de Juan: “Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido. [...] Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis oído nunca su voz, ni habéis visto nunca su rostro [...] Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí [...] No penséis que os voy a acusar yo delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quién habéis puesto vuestra esperanza. Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí. Pero si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras? (5:31,37, 39 y 45-47). Por su parte, en los rollos del Mar Muerto los esenios denominaron al Mesías “maestro de virtud”. Jesús constituyó, entonces, la culminación de los Profetas de Israel, y era esperado como el signo de los “últimos tiempos”, o del “fin de los días”, previos a la instauración entre todos los hombres del Reino de Dios. Esto mismo es lo que se interpretaba entonces. Otra de las ideas imperantes era que el Mesías sería un descendiente de David, es decir de la tribu de Judá, y que antes de su venida debía reaparecer el Profeta Elías, de quién pensaban que sería un sumo sacerdote de la tribu de Leví. El Mesías vendría para todos los pueblos, no sólo para Israel. ¿Cuál fue el sentido de su apelativo “hijo de dios”?
En el Antiguo Testamento se designa al Mesías esperado como “siervo de Dios” y “Mesías”; su designación como “hijo de Dios”, que tanto se ha vulgarizado entre cristianos, no es frecuente en las profecías, ni mucho menos era entendida en el sentido que actualmente se la entiende en las teologías de las iglesias. La expresión “hijo de Dios” aparece muchas veces en el Antiguo Testamento, referida a muchos Profetas, pero nunca antes de las teologías mencionadas se le habría ocurrido a nadie interpretarla como luego éstas lo hacen. Para los Profetas del Antiguo Testamento “hijo de Dios” no indica una “relación substancial” entre quien es de tal modo designado y Dios mismo, no se trataba de un ser especial “engendrado por Dios desde la eternidad”, como se sostiene en las iglesias, ni una de las “personas divinas”. Era solamente de un título de dignidad elevadísima, que otorgaba a quien lo poseía la categoría del mejor de los siervos de Dios entre los hombres, el amigo de Dios por excelencia. Era una expresión de dignificación, con un sentido metafórico aunque también muy concreto, pues no constituía un mero homenaje, sino una categoría espiritual efectiva. Pero nunca se la concibió, antes de que lo hiciera la teología eclesiástica, como una relación “esencial”, o “substancial”, o “real” entre la “Esencia de Dios” y una criatura cualquiera. Citaré algunos lugares de la Biblia con la expresión “hijo de Dios”: Es aplicada a Adán, como en el evangelio de Lucas (3:38), y en el Génesis esa expresión, respecto de Adán, se deduce del contexto, aunque no figura literalmente (Gén. 1:26-27); a los descendientes de Set también le es aplicado ese apelativo (Gen. 6:1-2); y en Lucas figura así de los ángeles (20:36), lo mismo que en el libro de Job sobre los ángeles (1:6, 2:1, 38:7). De Salomón se dice textualmente en Crónicas: “...le he escogido a él por hijo mío, y yo seré para él padre” (libro 1º, 28:6), tal cual se dice en el bautismo de Jesús en el Jordán: “A éste he escogido por hijo muy amado” (Mt. 3:17). Y entonces una voz que salía de los cielos clamó: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco» A David los Salmos lo llaman “hijo de Dios” reiteradamente (2:7); en Daniel (3:25-26 y 28) figura el mismo apelativo referido a un “cuarto” (como así se lo menciona). “Siervo justo” o “hijo de dios” para los pueblos de esa época significaban lo mismo. Por otra parte, el mismo Jesús llamó “hijos de Dios” a sus seguidores, y en general a todos los creyentes, cuando dice: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt. 5:9). También está el famoso: “Padre nuestro que estás en los cielos” (Mt. 6:9), por lo que se deduce la filialidad divina de todos los hombres (o al menos los que aceptan a Jesús) Hablando a los apóstoles él les dice: “Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros” (Mt. 10:19 y 20). Esto era lo que le pasaba al mismo Jesús, cuando él decía que era “su Padre” el que hablaba por él, como explica a sus seguidores. En consecuencia, tanto los términos “hijo” como “padre” en las escrituras sagradas, incluidos los evangelios, son muy diferentes a lo que afirma la teología. Podemos, pues, extraer una conclusión de lo que hemos expuesto. La expresión “hijo de Dios” utilizada por el Antiguo Testamento respecto de Adán, por ejemplo, alude a un vínculo especial y directo entre Dios y el ser del cual se dice eso. Dios creó a Adán e insufló en él de Su Espíritu, es decir le transmitió algunos de los Atributos divinos, como el conocimiento, la voluntad libre, el discernimiento del bien y del mal, la misericordia, el amor, etc. Cuando un ser es enviado por Dios con la categoría de Profeta o Mensajero Suyo, el Antiguo Testamento puede llegar a designarlo como “hijo de Dios”, en el sentido de “el mejor siervo” como título dignificante, pues dicho ser es el delegado de Dios ante los hombres y el intercesor de los hombres ante Dios. Por otra parte, Jesús asentó claramente su categoría de Profeta y de Mensajero de Dios, tal como los Profetas anteriores a él, diciendo: “Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá…” (Mt. 10:40-41) En una ocasión le preguntaron los seguidores de Juan el Bautista: “¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?” (Mt. 11:3), quedando implícito en la pregunta que Jesús era un Profeta esperado anunciado por el Antiguo Testamento, y en especial esperado por los discípulos de Juan el Bautista. Su condición de “siervo de Dios” tampoco es negada por él. Dijo Jesús respondiendo al demonio: “También está escrito: ‘No tentarás al Señor tu Dios’” (Mt. 4:7), considerándose a sí mismo como siervo obediente de Dios y de la Ley revelada, y reiterando así lo que dice el Deuteronomio (6:16). Se define como “siervo” cuando expresa respecto de sí mismo: “Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto” (Mt. 4:10), aludiendo otra vez al Deuteronomio (6:13-14). Igualmente lo hace cuando dice: “Aquel que me ha enviado” y “Padre nuestro”, donde se iguala al resto de la gente, y cuando dice: “…por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios…” (Mt., 12:28), reconociendo en todos los casos su dependencia de Dios y del Espíritu Santo para realizar milagros. La misma consagración de Jesús para su misión mediante el bautismo del Jordán manifiesta su vínculo íntimo con el Espíritu Santo, gracias a lo cual él tiene la misión de transmitir la Revelación que el Espíritu le comunica, igual que todos los Profetas. Dice en Mateo: “Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio [Juan el Bautista] al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él [Jesús]” (3:16), lo cual indica que Jesús no poseía la categoría de Profeta antes de ese momento, y que le fue dada por Dios como a otros Profetas, siervos Suyos elegidos. La expresión: “...Pondré mi Espíritu sobre él” se refiere también a su consagración como Profeta. Y si ni Profeta era antes de ser consagrado, ¿cómo podemos pretender que era “Dios en persona”?
El significado de “Mesías”, la virginidad de María y los milagros
Consideremos primero una expresión muy interesante por su etimología, el significado de la palabra “Mesías”, y qué tiene que ver con la virginidad de María. “Mesías” significa “ungido” o “purificado”. Los semitas solían utilizar ungüentos y aceites, esencias aromáticas y perfumes para purificar sus cuerpos, y ofrecer al visitante o a la persona santa y venerable. Los reyes eran ungidos al acceder al trono, y también solían ungir los cadáveres como purificación final. Esto significa que la palabra “Mesías” o “ungido”, aplicada a Jesús, como último Profeta de Israel y el más destacado, se entendía como “el purificado, el que no tiene imperfección”. En los Salmos de Salomón el Mesías es considerado puro, y es por ello que debía nacer de una virgen, es decir de alguien de su misma categoría, pura como él. Los musulmanes, sin embargo, no creemos que los pecados se transmitan de padres a hijos, y menos aún que el acto procreador entre un hombre y una mujer sea pecaminoso, y que debido a ello Dios determinó omitirlo en el caso de Jesús. Creemos, por el contrario, que el nacimiento del Mesías en el seno de una virgen es solamente un signo, una prueba más de las tantas que habría él de dar en su vida para demostrar que de verdad era el Mesías esperado. En el futuro se habrían de presentar en Palestina tantos falsos “mesías” y “profetas”, por lo que Dios quiso evidenciar un signo extraordinario en el nacimiento de Jesús, para distinguirlo de los falsarios. Ya antes en el tiempo en Israel habían aparecido muchos falsos “mesías” y “profetas”. El nacimiento virginal, entonces, no significa que Jesús fuera un dios o un semidiós, sino que, por el contrario, tuvo por fin convencer a sus contemporáneos sobre la veracidad de su misión. Para nosotros ese nacimiento no tiene una categoría superior al resto de los milagros que hicieron no sólo Jesús, sino también muchos de los Profetas que han existido.
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Estos humildes conceptos acerca de los matrimonios del Profeta Muhammad (BPDyC) se expresan a pedido de un hermano y discípulo de red virtual. Que Allah le bendiga y con él a los musulmanes que buscan el conocimiento, y nos recompense con su ruego y el de los justos.
Argentina, 23-24 de julio de 2010
Imam Mahmud Husain
Sheij Alí Al-Husainí
Datos a tener en cuenta:
1. Durante su juventud, hasta los 25 años, se mantuvo casto en una comunidad donde los jóvenes se casaban tempranamente, y donde había tanta corrupción como en la actualidad debido a que era una sociedad idólatra y su moralbera muy baja.
2. Se casó a los 25 años sin que se le conociera mala fama alguna en un medio corrupto y por el contrario se lo conocía por sus virtudes y se lo apodaba “al-amín”, el fiel y confiable, y a pesar de su juventud la gente le confiaba su bienes cuando tenían que ausentarse, para que se los custodiara. Esto contradice el hecho de que fuera una persona de baja moral, pido la Indulgencia de Allah, de costumbres disolutas.
3. Se casó por pedido de su primera mujer, llamada Jadíyah bint Juailid, que Allah se complazca de ella, una noble viuda de Meca, que había estado casada dos veces antes, y debido a las virtudes del futuro Profeta (BPDyC) le pidió matrimonio, seguramente enamorada de él no solo porque el Profeta (BPDyC) era bello, sino también porque era de carácter excelente, único entre sus conciudadanos. Ella tenía fortuna y era una mujer honorable, mientras que él no tenía bienes materiales pero era el mejor de su pueblo, y agregamos que de toda la humanidad hasta el día de hoy.
4. Ella tenía por entonces cerca de 40 años (otros dicen que más) lo cual significa que él no pretendía meramente la belleza física o la juventud, que se conformaba con aquello que Allah Exaltado le concedía, porque aún antes de ser Profeta (BPDyC) era un entregado al Señor, un eminente ser humano, por encima del común de la gente, destacado dentro de su comunidad por los más nobles y ancianos como el hombre más perfecto y confiable entre ellos.
5. Inclusive no se atrevió a tomar una decisión por cuenta propia, consultó a su tío, Abu Tálib, que la Complacencia divina esté con él, para responder a la viuda Jadíyah, y de ella obtuvo seis hijos, tres varones y tres mujeres, lo cual indica que siempre acompañaron al Profeta (BPDyC) los hechos extraordinarios, pues a la edad de aquella noble mujer es normalmente imposible que ello suceda. Y ella fue la primera musulmana, la primera que creyó en Muhámmad (BPDyC) a pesar de lo extraordinario de lo que le había sucedido, la aparición de Gabriel, el Espíritu Santo (P), a un hombre del desierto, porque Meca era una pequeña población rodeada del desierto de Arabia, para comunicarle la última y más cumplida Revelación divina, como a los Profetas anteriores de la jerarquía de Ibrahim (Abraham), Moisés y Jesús, con todos ellos sean la Bendición y la Paz.
6. Y para terminar con esta primera etapa de la sagrada existencia del Profeta Muhámmad (BPDyC) veamos qué le dice Jadíyah, la noble primera esposa del Profeta (BPDyC), cuando este estaba conmovido por la Revelación que le había llegado, e inclusive dudaba de sí mismo, porque su sinceridad no le permitía considerarse superior a ningún otro hombre, a pesar de que todos lo consideraban superior y más noble. Jadíyah le dijo que no dudara de sí porque era el mejor de los hombres de su pueblo, el más veraz, y que ella creía en lo que le había sucedido, la aparición del Ángel y la consecuente primera Revelación del Sagrado Corán: Iqra Bismi Rabbikal-ladi jálaqa, jalaqal-insána min `álaq, iqra ua rabbikal-ákram al-ladhi `al-lama bil-qálam `al-lamal-insána mal am ia`lam… (Recita en el Nombre de tu Señor Quien creó, creó al hombre de un coágulo, recita que tu Señor es el Más Noble –o Generoso- Quien enseña [al hombre] con el cálamo, enseña al hombre lo que éste no sabía) ¿Vendría esta Revelación a un hombre común, que se dedicara al libertinaje, a la lujuria, que fuera deshonesto y caprichoso, inmoral e ignorante, de bajos instintos y lascivo? ¿Es que el Señor se equivoca sobre en quién deposita Su Mensaje?
7. Más aún, fue el mejor padre de sus hijos, a quienes educó en el bien y en el respeto de los principios morales, de la vida de bien, de la caridad y la honradez ¿Un hombre lascivo y corrupto puede asumir el rol del padre ejemplar, paradigma de padre y educador como lo fue el Profeta (BPDyC)? Fue el mejor esposo, el más amoroso, y aún después del fallecimiento de Jadíyah, que Allah se complazca de ella, se abstuvo durante dos años de contraer matrimonio, por el amor y la fidelidad que le unía a su ex esposa, llegando así a los 52 años de una vida digna y ejemplar (BPDyC)
8. Es verdad que luego de ese periodo tomó una esposa, pero Allah lo preservó de que lo acusaran de lascivia aquellos que en el futuro lo quisieran difamar, porque lo asimilan por odio o por ignorancia con el resto de los hombres, como si fuera un dirigente histórico, como los faraones y los gobernantes del pasado y del presente, cuya corrupción los empuja a gozar de los bienes mundanos sin límite alguno. Pues el Profeta (BPDyC) tomó por esposa a una señora viuda de 80 años, Saudá’, la primera en quedarse viuda en el Islam, para destacar que aún la mujer más desafortunada debe ser atendida y amada, y dejar así un ejemplo raro y extraordinario.
9. Las mentes mal intencionadas, que no perciben la sacralidad de los seres extraordinarios como son los Profetas (BP), que a pesar de casarse, dando ejemplo a la humanidad de los mejores esposos y padres, siguen siendo los paradigmas del bien y la virtud, porque por otra parte la vida sexuada la creó el Señor en casi todas las cosas de la naturaleza, hasta en la vegetación, esas mentes enfermas de sexualidad, o bien ignorantes de sí mismas, que no descubren su propia realidad sagrada ya que el Señor está presente en todas las cosas, así también en cada uno de nosotros, esas mentes desviadas no pueden admitir la pureza, no pueden pensar en una virtud elevada que distingue lo superior y relativiza lo inferior y mundano, esas mentes son las que difaman a Muhámmad (BPDyC) el Mensajero de Allah cuando no tienen la dignidad suficiente de pensar en una realidad espiritual profética de su dimensión. Que Allah los perdone si Él quisiera.
10. Es cierto que el Profeta (BPDyC) tomó varias esposas con posterioridad, pero antes que nada ubiquemos este hecho dentro del marco de todos los Profetas (P) diciendo que Abraham (P) tuvo 4 esposas. Por su parte David (P), a quien el Islam considera un Profeta y no un rey nacional como pretenden aquellos que admiten que David (P) sea uno de los autores de uno de los libros del antiguo testamento, igual que su hijo Salomón (nada menos que de los Salmos), pero después los desmerecen diciendo que fueron reyes simplemente, a pesar de la sabiduría que mostraron, David (P) tomo a 8 esposas, 4 en Jericó y 4 en Jerusalén, y Salomón (P) tuvo más todavía pues se le cuentan decenas. Y Jesús (P) en su segunda venida al mundo según la tradición islámica se casará y procreará una descendencia extraordinaria para el nuevo ciclo, y Allah sabe más.
11. Ahora bien, ¿cuáles fueron los motivos de los múltiples matrimonios del Profeta Muhámmad (BPDyC)? ¿Era el placer, el goce, la lascivia, etc., que mueve a los hombres cuando no tienen límite por sus bajos instintos, que Allah nos de Indulgencia? ¿Era la búsqueda de poder que lo empujaba a actuar por voluntad propia, sin que Allah Exaltado tuviera parte en sus decisiones? ¡No! Muhámmad (BPDyC) vivía para su Señor, para su misión, para su fe, no decidía nada de propia voluntad sin que su Señor lo aprobara. Sus matrimonios tuvieron motivos que servían a la difusión de la fe, estaban al servicio de la Revelación. Servían para unir lazos políticos con tribus y personas que favorecieran la propagación de la fe, para que las familias de las mujeres se unieran al Profeta (BPDyC) por parentesco (lo que en esa época era más importante e influyente que ahora) y así se unirían sin duda a la propagación de la fe, servían para que tribus enteras ingresaran al Islam al sentirse enlazadas al Profeta (BPDyC) por lazos de parentesco, como la tribu de los Banu Al-Mustalaq que adhirieron al Islam debido a una de las esposas del Profeta (BPDyC) llamada Yuuairíah, que era importante dentro de esa tribu. Otro caso es el de Safíah cuyo padre había sido judío y que le ofreció casarse con su hija, y el Profeta (BPDyC) para distinguirlo así lo hizo. Otro es el caso de las viudas, como queda dicho, entre las cuales se encontraron Ummu Sálamh y Ummu Habíbah. Otro caso es el de Mariam Al-Qubtíah (la copta) que le fue concedida por esposa por Al-Muqáuqas, gobernante de Egipto, y como signo de reconocimiento y de amistad y alianza, lo que era normal por entonces entre los gobernantes. Pero el Profeta (BPDyC) no era uno más de aquellos gobernantes, aunque tampoco podía rechazar el gesto de Al-Muqáuqas lo que significaba una ofensa. Por fin el Profeta (BPDyC) dio ejemplo de contraer matrimonio con mujeres de otras religiones, como la misma María, que era originalmente cristiana (de padre copto y madre griega). Ello sería un ejemplo a imitar por los musulmanes para que por medio del matrimonio se enseñara la fe y las personas ingresaran al Islam y a la virtud.
12. No está de más aclarar que el matrimonio para el Profeta (BPDyC) era necesario para la claridad en las relaciones con sus seguidores, debido a que el dirigente debe tener clara su situación personal respecto de las mujeres, las que lo consultaban, lo venían a ver, asistían a la oración junto a él, etc., y él debía presentar ante todos un estado matrimonial normal y efectivo, para que los hombres y las mujeres supieran a qué atenerse a su respecto, respetando su matrimonio, y seguros del respeto que él (BPDyC) les brindaba. Esto es general para todos los líderes de las comunidades.
13. Además no olvidemos que los padres de las mujeres del Profeta (BPDyC) eran los que promovían muchas veces el matrimonio de sus hijas con él, para estar más cerca del Elegido Muhámmad (BPDyC), y tener un honor mayor dentro de la comunidad de los musulmanes. Así sucedió con Aisha y con Háfsa, hijas de Abu Bákir y Omar respectivamente, con los compañeros del Profeta (BPDyC) sea la Complacencia divina, pero a su vez el Profeta (BPDyC) dio a dos de sus hijas en matrimonio a Ozmán ibn `Affán, primero a Zainab, y cuando esta falleció, a Ummu Kulzún, con todas las hijas del Profeta (BPDyC) sean la Complacencia divina. Y sin duda que el hecho más destacable es el matrimonio de Fátima (P), la hija menor del Profeta (BPDyC), con su primo Alí ibn Abi Tálib, con él sea la excelsa Paz, de la que proviene la Descendencia de la Casa del Profeta (BPDyC). Es decir, el matrimonio por sí mismo no significaba un acto simplemente carnal, como sucede hoy en algunos casos, ni meramente romántico (lo que es nuevo en la historia del matrimonio) sino y sobre todo era un acto útil a la humanidad, a la sociedad, a las familias, y aún los padres orientaban y en muchos casos decidían con quién debía casarse sus hijas, para bien de ellas y conveniencia social o política de ellos.
14. En conclusión:
a) El Profeta Muhámmad (BPDyC) nunca tuvo una tendencia instintiva desmesurada por la sexualidad, lo que lleva en muchos casos a la perversión de la persona, que Allah nos otorgue su Indulgencia, sino que su vida estuvo al servicio del Señor, y ninguno de sus actos fueron deshonestos.
b) Su pureza se muestran en sus 25 años intachables en un medio corrupto como lo era Meca de la idolatría. Luego se evidencia en su vida matrimonial amorosa y fiel, en su paternidad ejemplar, en su honradez y caridad con pobres y ricos, en su fama excelente entre sus conciudadanos aún antes de serle encomendada la misión, en su buena educación y carácter extraordinario, con él sean la Bendición y la Paz y con su purificada Descendencia.
c) Su moderación y honestidad, fidelidad y grandeza de moral, se muestran en sus dos años sin contraer matrimonio después del fallecimiento de su esposa Jadíyah, la Complacencia divina sea con ella, hasta que por razones de su propia misión debe contraer matrimonios posteriores.
d) No es posible que una persona que llevó la vida del Profeta (BPDyC) pueda en cierto momento desviarse de su comportamiento excelente, porque esto le está asegurado por su propia experiencia de lo sagrado. Un hombre común e ignorante puede quizás dudar de la realidad del Señor, y no creer más en que los actos de este mundo tienen consecuencias en el más allá, y entonces comportarse con sus más bajos instintos. Pero aquel que vivía la realidad patente de su Señor a cada momento y todo día, que tenía evidencias de la excelsitud de su Señor y de las realidades maravillosas que el Más Generoso le hacía vivir, como la ascensión o mi`ray, que veía más y escuchaba más que el resto de los hombres, que conocía más la realidad tal cual es, sin ambigüedades ni confusión, que observaba a los ángeles ascender y descender de los cielos, y cuyo ruego era respondido mayormente sin dilación, como cuando rogaba la lluvia, o la victoria, y mil hechos más maravillosos, es imposible que se desvíe de una realidad que es su propio ser, él es eso que vive, y vive eso que él es, la Bendición la Paz y las Gracias sean con el Elegido Muhámmad, su inmaculada Descendencia y la Complacencia divina sea con sus compañeros fieles.
© Prohibida la reproducción parcial o total del texto sin citar al autor Sheij Alí Al-Husainí www.islamsiglo21.com
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